Algo importante a aprender es que la persona más importante y merecedora de mi cariño soy yo y que la expresión de amor más valiosa es el amor que yo misma me puedo dar. Que el abrazo más cálido es el que yo me doy y la caricia más dulce la propia. Que la única opinión que importa en mi vida es la mía y que los consejos más sabios vendrán de mi guía interior. Que los consejos y opiniones de los demás siempre tienen que pasar por el filtro de mi mejor consejero, que soy yo misma. Que está en mis manos conocerme mejor cada día un poquito más, ser un poco mejor y aprender algo nuevo. Que soy la única responsable de mi vida, mi salud, mis pensamientos. Que soy yo quién debo aprender a aceptarme y amarme incondicionalmente y que sólo en la medida que me ame podré amar a otros y no que sea una necesidad de recibir amor y aceptación. Entender que familia y amigos son compañeros de camino que llegan y se van y que aunque haya apoyo mutuo no los puedo usar de muleta, ni dejar que me usen como muleta o una piedra en la que sentarse.
Es tan importante darme cuenta que nadie puede darme ese amor que yo necesito sí no me lo doy yo primero. El amor propio es como la fuente que recibe y sostiene el amor de los demás y que desde ese amor que hay ya dentro de mi misma es que puedo amar verdadera e incondicionalmente.
El verdadero amor nace de la plenitud y no de la carencia y hasta que logramos desarrollar esa plenitud, los vínculos con los demás los convierten en nuestros maestros que nos enseñan lo que todavía nos queda por aprender.
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4 sept 2015
23 may 2014
Amar la Sombra en el Otro
Normalmente cuando amamos a alguien nos fijamos en lo que nos gusta, lo que nos atrae, lo que nos cae bien, nos hace reír o felices, lo bueno, lo interesante, etc. Pero eso es sólo un aspecto de cada persona, también está lo feo, lo desagradable, sus mañas y porfías, sus enojos y miedos, su peor lado, sus puntos ciegos, sus fantasmas, sus monstruos, su sombra. Y sin importar el tipo de vínculo, familia, amigos o amados, tarde o temprano al menos uno va a sacar o proyectar su sombra y ahí empieza lo difícil, especialmente si hay apegos, expectativas, dependencia o necesidad de controlar.
Y es que no es sólo lo mejor del otro que deseo en mi vida, sino también sí puedo convivir con lo peor del otro. ¿Pero cómo podemos saber qué es lo peor del otro? A veces la experiencia o la intuición nos ayudan, pero no siempre podemos saber o si quiera imaginar que es ese inmenso universo que existe en el otro.
¿Que nos queda entonces? Aprender a confiar con los ojos abiertos, tomar precauciones sanas, aunque parezcan innecesarias cómo por ejemplo el matrimonio con separación de bienes, conversar las cosas claramente y llegar a acuerdos y evitar por sobre todo los "pensé que" y "creí que". Estar abiertos a que el otro nos puede sorprender, tanto en forma positiva cómo negativa, porque nunca terminamos de conocer a alguien, porque todos cambiamos en el tiempo. Siempre tiene que haber diálogo honesto. Si no es así, significa que el vinculo está enfermando y se puede volver altamente tóxico o morir.
Entender que por más que ame a la otra persona, no me puedo hacer cargo de sus emociones. Puedo acompañarlo, apoyarlo, escucharlo y hasta dar consejos sí corresponde, pero no llevar su peso. Apoyarlos de tal manera que puedan aprender a levantarse de nuevo tras las caídas.
Y lo más importante es trabajar en sanar nuestras propias heridas y en aprender a tener una forma de pensar sana y madura, porque eso nos hará más fuertes y menos expuestos a que nos hieran. Y es que es justamente en los vínculos donde vemos nuestros puntos débiles.
Es tan común el pensar que amar es perder nuestro centro, entregarse al otro, mimetizarse con el grupo, ceder parte de nuestro poder personal, olvidarse quién soy para pasar a ser parte del otro. Pero eso no es amor, es casi una búsqueda de volver a sentir el calor y seguridad del vientre materno en donde no había un yo ni había identidad.
Amar es desde mi centro, desde mi persona, escoger estar contigo (papá, mamá, hermano o hermana, hijo o hija, amigo o amiga, amado o amada) cada día, no por necesidad, sino para compartir mi alegría y también mis experiencias de vida, del tipo que sean. Si el día de mañana no estás por la razón que sea, me dolerá , pero volveré a ser feliz, porque nunca perdí mi centro. Y sí el día de mañana no estoy quiero que también puedas ser feliz.
Y sí el estar separados nos hace más felices que estar juntos o cerca, probablemente esa sea la mejor decisión a tomar. No sólo rendirnos ante las dificultades, sino reconocer que se puede sanar o salvar y cuando se ha llegado a un punto en el que ya no hay vuelta atrás. Porque para sanar un vinculo se necesitan dos, porque no se puede perdonar lo que para uno es imperdonable, o porque el "lo siento" después de una cierta cantidad de veces deja de tener sentido, sino va acompañado de un gesto que pueda resolver las cosas.
Hace falta conocerse, tanto para poner límites antes de llegar a lo intolerable, cómo para tener humildad y reconocer nuestras propias limitaciones y hacernos cargo de nuestra propia sombra.
Todo vinculo puede se constructivo o destructivo dependiendo de cómo lo abordemos y las herramientas que tengamos, pero siempre hay algo que aprender y ayudarnos a crecer. Cada persona en nuestras vidas tiene una razón para estar ahí y depende de nosotros como podamos llevar el vínculo. Aprender a reconocer al otro como un todo y no solo lo que nos gusta.
Y es que no es sólo lo mejor del otro que deseo en mi vida, sino también sí puedo convivir con lo peor del otro. ¿Pero cómo podemos saber qué es lo peor del otro? A veces la experiencia o la intuición nos ayudan, pero no siempre podemos saber o si quiera imaginar que es ese inmenso universo que existe en el otro.
¿Que nos queda entonces? Aprender a confiar con los ojos abiertos, tomar precauciones sanas, aunque parezcan innecesarias cómo por ejemplo el matrimonio con separación de bienes, conversar las cosas claramente y llegar a acuerdos y evitar por sobre todo los "pensé que" y "creí que". Estar abiertos a que el otro nos puede sorprender, tanto en forma positiva cómo negativa, porque nunca terminamos de conocer a alguien, porque todos cambiamos en el tiempo. Siempre tiene que haber diálogo honesto. Si no es así, significa que el vinculo está enfermando y se puede volver altamente tóxico o morir.
Entender que por más que ame a la otra persona, no me puedo hacer cargo de sus emociones. Puedo acompañarlo, apoyarlo, escucharlo y hasta dar consejos sí corresponde, pero no llevar su peso. Apoyarlos de tal manera que puedan aprender a levantarse de nuevo tras las caídas.
Imágen de Angelgold Art
Y lo más importante es trabajar en sanar nuestras propias heridas y en aprender a tener una forma de pensar sana y madura, porque eso nos hará más fuertes y menos expuestos a que nos hieran. Y es que es justamente en los vínculos donde vemos nuestros puntos débiles.
Es tan común el pensar que amar es perder nuestro centro, entregarse al otro, mimetizarse con el grupo, ceder parte de nuestro poder personal, olvidarse quién soy para pasar a ser parte del otro. Pero eso no es amor, es casi una búsqueda de volver a sentir el calor y seguridad del vientre materno en donde no había un yo ni había identidad.
Amar es desde mi centro, desde mi persona, escoger estar contigo (papá, mamá, hermano o hermana, hijo o hija, amigo o amiga, amado o amada) cada día, no por necesidad, sino para compartir mi alegría y también mis experiencias de vida, del tipo que sean. Si el día de mañana no estás por la razón que sea, me dolerá , pero volveré a ser feliz, porque nunca perdí mi centro. Y sí el día de mañana no estoy quiero que también puedas ser feliz.
Y sí el estar separados nos hace más felices que estar juntos o cerca, probablemente esa sea la mejor decisión a tomar. No sólo rendirnos ante las dificultades, sino reconocer que se puede sanar o salvar y cuando se ha llegado a un punto en el que ya no hay vuelta atrás. Porque para sanar un vinculo se necesitan dos, porque no se puede perdonar lo que para uno es imperdonable, o porque el "lo siento" después de una cierta cantidad de veces deja de tener sentido, sino va acompañado de un gesto que pueda resolver las cosas.
Hace falta conocerse, tanto para poner límites antes de llegar a lo intolerable, cómo para tener humildad y reconocer nuestras propias limitaciones y hacernos cargo de nuestra propia sombra.
Todo vinculo puede se constructivo o destructivo dependiendo de cómo lo abordemos y las herramientas que tengamos, pero siempre hay algo que aprender y ayudarnos a crecer. Cada persona en nuestras vidas tiene una razón para estar ahí y depende de nosotros como podamos llevar el vínculo. Aprender a reconocer al otro como un todo y no solo lo que nos gusta.
Imágen de Lee Bogle
1 may 2014
Cuando la víctima se convierte en victimario
Todos hemos pasados momentos difíciles en nuestras vidas que nos han hecho sentir víctimas de una situación, de injusticias, etc. No es raro que al sentir mucho dolor, angustia, rabia, miedo o stress uno se sienta indefenso, pero una cosa es el sentimiento y algo distinto el quedarse pegado en el rol de víctima, que desencadena una serie de reacciones, actitudes y comportamientos que intoxican a quien se siente víctima y a todos quienes le rodean.
Imágen de Wojtek Siudmak
- Siente que es obligación de los demás ayudarle. Por lo mismo, no siente gratitud y si da las gracias es solo una formalidad.
- Siente que la culpa está afuera, que la tiene alguien más, la persona que le dañó, el gobierno que no le ayuda, eventos naturales, etc., pero no se hacen cargo de la responsabilidad que hay en sí mismos, de levantarse y cambiar las circunstancias o rearmar su vida.
- Su atención está en si mismos y/o su sufrimiento y constantemente sufren por lo que les pasan o el sufrimiento de familiares, amigos, conocidos, personas famosas, mascotas o incluso un animalito que vieron e la calle o como está siendo destruida la naturaleza, pero su diálogo siempre va a estar en torno al sufrimiento generando lástima y hasta culpa en quien le escucha.
- Si otro le quiere hablar de sus propios temas rápidamente cambian el tema al sufrimiento de alguien más y no son capaces de escuchar a la otra persona.
- Siempre tienen escusas para no cumplir sus compromisos, ya sea por problemas o el sufrimiento propio o ajeno y no se hacen cargo de a quién perjudican con ello.
- Se escudan en su sufrimiento para mentir, según ellos, mentiras blancas, cuyo propósito por lo general, consciente o inconscientemente, es provocar más lástima y atención de los demás.
- Al ser confrontados de sus responsabilidades fácilmente hacen un escándalo con llanto, gritos y/o mucha gesticulación desentendiéndose fácilmente de cualquier cosa que les dicen y poniendo al otro como culpable de como tratan así a la pobre víctima. Responden solo lo que les conviene obviando aquello que realmente es el asunto o diciendo: eso no te lo voy a responder, como si fuera una afrenta.
- Se justifican fácilmente en lo que el otro supuestamente sintió, pensó o cuales fueron sus intenciones, con tal de prolongar su rol de víctima y poner al otro en el rol del villano de turno.
- Se olvidan fácilmente de su responsabilidad en los eventos que provocaron su propio sufrimiento, recordando solo la culpa de los otros y por lo mismo se desentienden del sufrimiento que ellos mismos han provocado.
- Se sienten con derecho de gritar o abordar a quien les trata de ayudar de una manera hasta violenta al relatar los hechos en que han sufrido, cargando toda la violencia a quien les escucha y después se van tranquilos dejando mal a quien ha tratado de ayudarles. Es como si trataran al otro como un tacho de basura.
- Cuando los demás se alejan por cansancio de ayudar como si estuvieran poniendo en un saco sin fondo, o de constantemente escuchar tragedias o que los empiecen a tratar como villanos la víctima no entiende porqué esto sucede, ya que no asume las consecuencias de su actitud. Obviamente con esto quien se aleja es catalogado definitivamente como el villano.
Lo más terrible de los vínculos con alguien en el rol de víctima es que esta toxicidad que emite termina por contagiar a quienes les escuchan, ya que viene con una violencia reprimida, una actitud pasivo agresiva que no todos pueden identificar en un primer momento y los oyentes al recibir estas constantes agresiones escondidas terminan sintiéndose heridos y reaccionando de la misma manera, repitiendo los comportamientos.
Por lo mismo es sumamente importante poder identificar este tipo de comportamiento, ya sea momentáneo o permanente y alejarse, ya sea por un tiempo o definitivamente de estos vínculos tóxicos.
Lo ideal es detectarlo a tiempo antes de caer uno mismo en el rol de víctima.
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