Imágen de Wojtek Siudmak
30 jul 2014
Flores de Bach: Vervain como Curador
Aprender a amarnos desde nuestro propio centro, desde nuestra propia identidad, sin la influencia de las opiniones de los demás, las expectativas o convenciones sociales. Aprender a reconocernos como seres únicos con sueños y valores propios y que cada persona que nos rodea es también único y distinto y que necesita seguir su propio camino. Aprender a crear nuestra propia realidad con respeto hacia nosotros mismos y hacia todo lo que nos rodea. Aprender que a veces tan sólo basta una palabra o una sonrisa para iluminar la vida de quienes nos rodean.
21 jul 2014
Durmiendo con el enemigo
Cuando se habla de la violencia en la pareja en términos de golpes todos ven el problema y se sienten indignados, pero no solo los golpes hieren. Cuando la víctima del abuso trata de explicar la desvalorización, las peleas, las humillaciones hay quienes escuchan como apoyo moral, pero es más frecuente encontrar miradas de duda, ¿será para tanto? ¿no estará exagerando? ¿que le habrá dicho para que reaccione de esa manera? Claro, es natural, porque todas las parejas tienen peleas, desacuerdos, diferencias y discuten.
Pero, ¿hasta donde son normales estas discusiones y donde empieza el maltrato? ¿cuando son solo problemas de comunicación o diferencias culturales y cuando son conductas destructivas?
Hay ciertas actitudes con las que hay que tener especial cuidado y ponerse en alerta, cosas que no se pueden permitir:
Imágen de Christian Shloe
Pero, ¿hasta donde son normales estas discusiones y donde empieza el maltrato? ¿cuando son solo problemas de comunicación o diferencias culturales y cuando son conductas destructivas?
Hay ciertas actitudes con las que hay que tener especial cuidado y ponerse en alerta, cosas que no se pueden permitir:
- Desvalorización: el primer paso del maltrato empieza sutilmente con la desvalorización, haciendo que la persona empiece a dudar de sus opiniones, de lo que sabe, empezando a sentirse inferior o poniendo al otro en un rol de autoridad. Esto se pasa por quejas, miradas de desdeño, etc.
- Alejar a los amigos y la familia: el abusador empieza a generar duda, discordia, humilla a los amigos o pone distancia física o genera dificultades para que los vea. Así va aumentando la sensación de soledad y de necesidad de estar cerca del abusador.
- Control: busca controlar las acciones del otro, la manera en que viste, sus actividades, con quien se junta, sus horarios, evita dentro de los posibles que tenga un ingreso o bienes propios con tal de generar dependencia.
- Maltrato sexual: de una relación sexual aparentemente sana en un comienzo empieza una objetualización, desvalorización, sexo rudo o humillando o incluso esperar a que el otro se quede profundamente dormido para usarlo.
- Violencia indirecta: portazos, hablar fuerte, golpear las paredes o los muebles, enojarse desproporcionadamente por cosas insignificantes, romper platos o arrojar objetos con violencia, manejar violentamente serpenteando entre otro autos y tocando la bocina todo el tiempo, hacer gestos violentos con herramientas peligrosas como sierras eléctricas o taladros, etc.
Después de esto es solo un paso a la violencia física. Es importante darse cuenta cuando se ha caído en esta espiral descendiente y que se puede pedir ayuda, que siempre hay una salida. Que cuando se ha intentado todo, aprender nuevas formas de dialogar, ayuda externa, vincularse de otra maneras, que a veces todo el esfuerzo del mundo no es suficiente si no viene de ambas partes. Y que a veces la decisión más amorosa y compasiva no es esforzarse por algo que es dañino, sino soltar y empezar de nuevo.
Imágen de Christian Shloe
12 jul 2014
La confianza y las mentiras
La confianza es tan delicada como las alas de una mariposa. A veces puede parecer justificado decir una mentira para evitar un conflicto innecesario, pero cuando esto se hace costumbre tarde o temprano se empieza a notar. Primero surge la duda ("¿no me había dicho otra cosa primero?" , "no es así como lo recuerdo", "¿habré escuchado mal?"). Luego nace la sospecha ("esto me parece raro", "la primera vez me puedo haber equivocado, pero no de nuevo"). Inmediatamente sigue la alerta donde se presta especial atención a todos los detalles de lo dicho y hecho ("mejor dejo todo por escrito", "sí me mintio en esto, ¿en que más habrá mentido?"). Y aquí es donde las mentiras salen especialmente a relucir y la confianza queda definitivamente destruida y el vínculo muere y se empieza a descomponer. Aunque se arreglen las cosas, ya nunca volverá a ser lo mismo.
La verdad no siempre es fácil, pero si realmente se ama a la otra persona (pareja, familia, amigos), es mejor un momento de incomódidad que una relación destruida. Se hace más fácil si uno aprende a comunicar amable y oportunamente, lo importante que es algo que se puede aprender. Y si la otra persona realmente nos quiere entenderá que en la honestidad hay un esfuerzo de mejorar un vínculo que realmente se atesora.
La verdad no siempre es fácil, pero si realmente se ama a la otra persona (pareja, familia, amigos), es mejor un momento de incomódidad que una relación destruida. Se hace más fácil si uno aprende a comunicar amable y oportunamente, lo importante que es algo que se puede aprender. Y si la otra persona realmente nos quiere entenderá que en la honestidad hay un esfuerzo de mejorar un vínculo que realmente se atesora.
Imágen de Christian Shloe
3 jul 2014
Flores de Bach: Clematis como Curador
El camino interior nos lleva a lugares inesperados y nos perdemos muchas veces en el camino. De tanto buscar dentro a veces nos olvidamos que hay un mundo fuera que nos puede mostrar aquello que en nuestro interior no queremos ver. Pero para ello necesitamos abrir los ojos, vivir en el presente, observar lo que nos rodea sin juicios y reconocer el maestro en quienes nos rodean. Incluso la persona mas sencilla o de quién menos lo esperamos nos pueden enseñar grandes lecciones de vida.
13 jun 2014
Flores de Bach: Cerato como Curador
A veces el peso del día a día puede parecer demasiado y el miedo a equivocarnos nos hace recurrir al consejo de quien confiamos, de quién creemos que puede saber más, que nos pueda guiar. Pero olvidamos que es solo un consejo, dejando la decisión al otro de manera inconsciente. Siembre debemos volver a consultar con nosotros mismos, hacerle caso a nuestra experiencia y nuestra intuición, tomar la decisión desde nuestro centro y seguir nuestro propio camino. Que el consejo de los demás es tan solo una guía para encontrar nuestra propia respuesta en la sabiduría que yace dentro de nosotros mismos y a veces olvidamos.
Imágen de Luz Tapia
30 may 2014
El ego y el perdón
Cuando necesitamos entender una situación que nos provoca dolor, cuando esperamos explicaciones o al menos una disculpa honesta de quién nos dañó, muchas veces es el ego manifestándose. Una vez que podemos soltar el ego, también podemos soltar lo que pasó y se transformara en un bálsamo reparador para nuestras heridas.
Imágen de Jimmy Lawlor
23 may 2014
Amar la Sombra en el Otro
Normalmente cuando amamos a alguien nos fijamos en lo que nos gusta, lo que nos atrae, lo que nos cae bien, nos hace reír o felices, lo bueno, lo interesante, etc. Pero eso es sólo un aspecto de cada persona, también está lo feo, lo desagradable, sus mañas y porfías, sus enojos y miedos, su peor lado, sus puntos ciegos, sus fantasmas, sus monstruos, su sombra. Y sin importar el tipo de vínculo, familia, amigos o amados, tarde o temprano al menos uno va a sacar o proyectar su sombra y ahí empieza lo difícil, especialmente si hay apegos, expectativas, dependencia o necesidad de controlar.
Y es que no es sólo lo mejor del otro que deseo en mi vida, sino también sí puedo convivir con lo peor del otro. ¿Pero cómo podemos saber qué es lo peor del otro? A veces la experiencia o la intuición nos ayudan, pero no siempre podemos saber o si quiera imaginar que es ese inmenso universo que existe en el otro.
¿Que nos queda entonces? Aprender a confiar con los ojos abiertos, tomar precauciones sanas, aunque parezcan innecesarias cómo por ejemplo el matrimonio con separación de bienes, conversar las cosas claramente y llegar a acuerdos y evitar por sobre todo los "pensé que" y "creí que". Estar abiertos a que el otro nos puede sorprender, tanto en forma positiva cómo negativa, porque nunca terminamos de conocer a alguien, porque todos cambiamos en el tiempo. Siempre tiene que haber diálogo honesto. Si no es así, significa que el vinculo está enfermando y se puede volver altamente tóxico o morir.
Entender que por más que ame a la otra persona, no me puedo hacer cargo de sus emociones. Puedo acompañarlo, apoyarlo, escucharlo y hasta dar consejos sí corresponde, pero no llevar su peso. Apoyarlos de tal manera que puedan aprender a levantarse de nuevo tras las caídas.
Y lo más importante es trabajar en sanar nuestras propias heridas y en aprender a tener una forma de pensar sana y madura, porque eso nos hará más fuertes y menos expuestos a que nos hieran. Y es que es justamente en los vínculos donde vemos nuestros puntos débiles.
Es tan común el pensar que amar es perder nuestro centro, entregarse al otro, mimetizarse con el grupo, ceder parte de nuestro poder personal, olvidarse quién soy para pasar a ser parte del otro. Pero eso no es amor, es casi una búsqueda de volver a sentir el calor y seguridad del vientre materno en donde no había un yo ni había identidad.
Amar es desde mi centro, desde mi persona, escoger estar contigo (papá, mamá, hermano o hermana, hijo o hija, amigo o amiga, amado o amada) cada día, no por necesidad, sino para compartir mi alegría y también mis experiencias de vida, del tipo que sean. Si el día de mañana no estás por la razón que sea, me dolerá , pero volveré a ser feliz, porque nunca perdí mi centro. Y sí el día de mañana no estoy quiero que también puedas ser feliz.
Y sí el estar separados nos hace más felices que estar juntos o cerca, probablemente esa sea la mejor decisión a tomar. No sólo rendirnos ante las dificultades, sino reconocer que se puede sanar o salvar y cuando se ha llegado a un punto en el que ya no hay vuelta atrás. Porque para sanar un vinculo se necesitan dos, porque no se puede perdonar lo que para uno es imperdonable, o porque el "lo siento" después de una cierta cantidad de veces deja de tener sentido, sino va acompañado de un gesto que pueda resolver las cosas.
Hace falta conocerse, tanto para poner límites antes de llegar a lo intolerable, cómo para tener humildad y reconocer nuestras propias limitaciones y hacernos cargo de nuestra propia sombra.
Todo vinculo puede se constructivo o destructivo dependiendo de cómo lo abordemos y las herramientas que tengamos, pero siempre hay algo que aprender y ayudarnos a crecer. Cada persona en nuestras vidas tiene una razón para estar ahí y depende de nosotros como podamos llevar el vínculo. Aprender a reconocer al otro como un todo y no solo lo que nos gusta.
Y es que no es sólo lo mejor del otro que deseo en mi vida, sino también sí puedo convivir con lo peor del otro. ¿Pero cómo podemos saber qué es lo peor del otro? A veces la experiencia o la intuición nos ayudan, pero no siempre podemos saber o si quiera imaginar que es ese inmenso universo que existe en el otro.
¿Que nos queda entonces? Aprender a confiar con los ojos abiertos, tomar precauciones sanas, aunque parezcan innecesarias cómo por ejemplo el matrimonio con separación de bienes, conversar las cosas claramente y llegar a acuerdos y evitar por sobre todo los "pensé que" y "creí que". Estar abiertos a que el otro nos puede sorprender, tanto en forma positiva cómo negativa, porque nunca terminamos de conocer a alguien, porque todos cambiamos en el tiempo. Siempre tiene que haber diálogo honesto. Si no es así, significa que el vinculo está enfermando y se puede volver altamente tóxico o morir.
Entender que por más que ame a la otra persona, no me puedo hacer cargo de sus emociones. Puedo acompañarlo, apoyarlo, escucharlo y hasta dar consejos sí corresponde, pero no llevar su peso. Apoyarlos de tal manera que puedan aprender a levantarse de nuevo tras las caídas.
Imágen de Angelgold Art
Y lo más importante es trabajar en sanar nuestras propias heridas y en aprender a tener una forma de pensar sana y madura, porque eso nos hará más fuertes y menos expuestos a que nos hieran. Y es que es justamente en los vínculos donde vemos nuestros puntos débiles.
Es tan común el pensar que amar es perder nuestro centro, entregarse al otro, mimetizarse con el grupo, ceder parte de nuestro poder personal, olvidarse quién soy para pasar a ser parte del otro. Pero eso no es amor, es casi una búsqueda de volver a sentir el calor y seguridad del vientre materno en donde no había un yo ni había identidad.
Amar es desde mi centro, desde mi persona, escoger estar contigo (papá, mamá, hermano o hermana, hijo o hija, amigo o amiga, amado o amada) cada día, no por necesidad, sino para compartir mi alegría y también mis experiencias de vida, del tipo que sean. Si el día de mañana no estás por la razón que sea, me dolerá , pero volveré a ser feliz, porque nunca perdí mi centro. Y sí el día de mañana no estoy quiero que también puedas ser feliz.
Y sí el estar separados nos hace más felices que estar juntos o cerca, probablemente esa sea la mejor decisión a tomar. No sólo rendirnos ante las dificultades, sino reconocer que se puede sanar o salvar y cuando se ha llegado a un punto en el que ya no hay vuelta atrás. Porque para sanar un vinculo se necesitan dos, porque no se puede perdonar lo que para uno es imperdonable, o porque el "lo siento" después de una cierta cantidad de veces deja de tener sentido, sino va acompañado de un gesto que pueda resolver las cosas.
Hace falta conocerse, tanto para poner límites antes de llegar a lo intolerable, cómo para tener humildad y reconocer nuestras propias limitaciones y hacernos cargo de nuestra propia sombra.
Todo vinculo puede se constructivo o destructivo dependiendo de cómo lo abordemos y las herramientas que tengamos, pero siempre hay algo que aprender y ayudarnos a crecer. Cada persona en nuestras vidas tiene una razón para estar ahí y depende de nosotros como podamos llevar el vínculo. Aprender a reconocer al otro como un todo y no solo lo que nos gusta.
Imágen de Lee Bogle
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