3 may 2014

Flores de Bach: Gentian como Curador

Las desilusiones de la vida nos pueden llenar de pesadumbre y romper el cascarón de la inocencia. Deja un sabor amargo que permea toda nueva experiencia, que quita las ganas de hacer cualquier cosa. Sentimos que es mejor no volver a amar, volver a intentarlo, volver a confiar. Nos escondemos del nuevo golpe que podría venir. Mejor no intentarlo, o si?
A veces falta solo un pequeño rayo de sol, una sonrisa, una palabra amable o un recuerdo, algo que nos vuelva a conectar con la dulzura de la vida, que nos de motivos para apasionarnos por algo, para luchar por lo que queremos, dándonos permiso a equivocarnos y volver a intentar. Porque los errores son solo parte del camino a nuestros sueños, parte del camino de conocernos mejor y que a veces nuestros sueños cuando no se cumplen es porque había otro sueño mejor y mas importante. Que el romper la burbuja no es para rompernos el corazón, sino para que podamos construir con nuestras propias manos un mundo mejor.
Imágen de Josephine Wall

1 may 2014

Cuando la víctima se convierte en victimario

Todos hemos pasados momentos difíciles en nuestras vidas que nos han hecho sentir víctimas de una situación, de injusticias, etc. No es raro que al sentir mucho dolor, angustia, rabia, miedo o stress uno se sienta indefenso, pero una cosa es el sentimiento y algo distinto el quedarse pegado en el rol de víctima, que desencadena una serie de reacciones, actitudes y comportamientos que intoxican a quien se siente víctima y a todos quienes le rodean.
Imágen de Wojtek Siudmak

  • Siente que es obligación de los demás ayudarle. Por lo mismo, no siente gratitud y si da las gracias es solo una formalidad.
  • Siente que la culpa está afuera, que la tiene alguien más, la persona que le dañó, el gobierno que no le ayuda, eventos naturales, etc., pero no se hacen cargo de la responsabilidad que hay en sí mismos, de levantarse y cambiar las circunstancias o rearmar su vida.
  • Su atención está en si mismos y/o su sufrimiento y constantemente sufren por lo que les pasan o el sufrimiento de familiares, amigos, conocidos, personas famosas, mascotas o incluso un animalito que vieron e la calle o como está siendo destruida la naturaleza, pero su diálogo siempre va a estar en torno al sufrimiento generando lástima y hasta culpa en quien le escucha.
  • Si otro le quiere hablar de sus propios temas rápidamente cambian el tema al sufrimiento de alguien más y no son capaces de escuchar a la otra persona.
  • Siempre tienen escusas para no cumplir sus compromisos, ya sea por problemas o el sufrimiento propio o ajeno y no se hacen cargo de a quién perjudican con ello.
  • Se escudan en su sufrimiento para mentir, según ellos, mentiras blancas, cuyo propósito por lo general, consciente o inconscientemente, es provocar más lástima y atención de los demás.
  • Al ser confrontados de sus responsabilidades fácilmente hacen un escándalo con llanto, gritos y/o mucha gesticulación desentendiéndose fácilmente de cualquier cosa que les dicen y poniendo al otro como culpable de como tratan así a la pobre víctima. Responden solo lo que les conviene obviando aquello que realmente es el asunto o diciendo: eso no te lo voy a responder, como si fuera una afrenta.
  • Se justifican fácilmente en lo que el otro supuestamente sintió, pensó o cuales fueron sus intenciones, con tal de prolongar su rol de víctima y poner al otro en el rol del villano de turno.
  • Se olvidan fácilmente de su responsabilidad en los eventos que provocaron su propio sufrimiento, recordando solo la culpa de los otros y por lo mismo se desentienden del sufrimiento que ellos mismos han provocado.
  • Se sienten con derecho de gritar o abordar a quien les trata de ayudar de una manera hasta violenta al relatar los hechos en que han sufrido, cargando toda la violencia a quien les escucha y después se van tranquilos dejando mal a quien ha tratado de ayudarles. Es como si trataran al otro como un tacho de basura.
  • Cuando los demás se alejan por cansancio de ayudar como si estuvieran poniendo en un saco sin fondo, o de constantemente escuchar tragedias o que  los empiecen a tratar como villanos la víctima no entiende porqué esto sucede, ya que no asume las consecuencias de su actitud. Obviamente con esto quien se aleja es catalogado definitivamente como el villano.
Lo más terrible de los vínculos con alguien en el rol de víctima es que esta toxicidad que emite termina por contagiar a quienes les escuchan, ya que viene con una violencia reprimida, una actitud pasivo agresiva que no todos pueden identificar en un primer momento y los oyentes al recibir estas constantes agresiones escondidas terminan sintiéndose heridos y reaccionando de la misma manera, repitiendo los comportamientos.
Por lo mismo es sumamente importante poder identificar este tipo de comportamiento, ya sea momentáneo o permanente y alejarse, ya sea por un tiempo o definitivamente de estos vínculos tóxicos.
Lo ideal es detectarlo a tiempo antes de caer uno mismo en el rol de víctima.

12 abr 2014

Porqué nos aferramos al dolor

Cuando sufrimos experiencias dolorosas a veces nos aferramos a ellas para entenderlas, para encontrarles algún sentido en nuestra vida. Pensamos en cada detalle de lo ocurrido, lo damos vuelta una y otra vez, revivimos la experiencia, pensamos en los distintos escenarios que se podrían haber dado, el porqué pasó lo que pasó. Pero en medio del dolor nos olvidamos que solo al soltar la experiencia, sentirla por el tiempo que haya que sentirla y luego dejar ir esos sentimientos, solo entonces al volver la calma y la claridad es que podremos recién empezar a encontrar un sentido y qué es lo que tenemos que aprender de lo vivido. Hace falta llorar, enojarse, angustiarse, asustarse e incluso negar por un tiempo lo vivido cuando se hace demasiado difícil de procesar. Dejar que las emociones tomen su curso natural, pero lo más importante es traer la mente de vuelta al presente cuantas veces sea necesario, soltar el pasado. No olvidarlo, sino soltarlo, porque solo así encontraremos sanación y podemos volver a vivir y disfrutar realmente el presente.

Imágen de Christian Shloe

4 abr 2014

Volver al nosotros

Cuando la vida nos golpea surge una avalancha de emociones que nos sacan de nuestro centro. Podemos huir de estas emociones trabajando o manteniéndose ocupados. Podemos tratar de entender lo que nos pasa analizándolo de manera lógica. O podemos sumergirnos en estas emociones dando rienda suelta a lo que sentimos, alejándonos por el tiempo que sea necesario del mundo cotidiano.

 Pero el verdadero camino de sanación es el arduo camino hacia nuestro centro, nuestro yo interior o superior, nuestro guía interno, nuestro espíritu. Aunque las vivencias, nuestros pensamientos, las emociones nos arrastren como un torbellino cada día, cada día hay que tomar ese camino de vuelta a nosotros mismos, aunque sea arduo, aunque pueda ser doloroso, aunque parezca que hoy no podremos llegar. Cada día hay que avanzar un paso más hacia se lugar en nosotros en que nuestras emociones y pensamientos están en equilibrio, donde reside nuestra sabiduría, el amor, la compasión, la claridad y el silencio la calma anhelados.

Y cada día que nos esforcemos por llegar a ese lugar en nuestro interior se hará un poco más fácil, cada vez se hará un camino más conocido, cada vez dolerá menos y en algún momento, en vez de un arduo camino será volver al lugar de paz, de tranquilidad, de armonía, el hogar dentro de nosotros mismos, ese lugar donde nos sentimos acogidos y seguros. Y no solo será cada vez un menor camino a recorrer, sino un espacio interior en el que podremos estar con más facilidad y traerlo a nuestra vida cotidiana.

Aún así siempre habrá situaciones en nuestra vida cotidiana que nos puedan sacar nuestro centro, pero mientras mayor sea nuestra práctica de paz interior, más fácil será volver a ella.

Imágen de Paul Monteagle

1 abr 2014

Perdonarse y perdonar

Que importante es en este mundo acelerado aprender a perdonar, a soltar, a permitir que el pasado sea el pasado y sanar las emociones, para que el recordar no sea un martirio que nos arruine el día.
Pero hay un paso anterior igual de importante, que es aprender a perdonarnos nosotros mismos.

Perdonarnos de no habernos dado cuenta y reaccionado a tiempo para prevenir el problema. Perdonarnos el no haber visto las señales que después parecen tan obvias. Perdonarnos el haber confiado demasiado y no haber tomado las precauciones necesarias. Perdonarnos el haber dado y ayudado demasiado sin asegurarnos que el otro aprendiese a ayudarse a sí mismo y no se volviera dependiente pidiendo cada vez más hasta pedirnos más de lo que podemos dar. Perdonarnos el no haber dicho No y habernos ahorrado salir heridos. Perdonarnos el haber sido débiles y habernos equivocado. Perdonarnos el haber reaccionado mal y dicho cosas que no arrepentimos después. Perdonarnos el no haber podido ver a través de mentiras e intrigas. Perdonarnos el no reconocer que la otra persona no era quién creíamos. Perdonarnos el olvidar que no todos tenemos los mismos valores morales. Perdonarnos el olvidar que hay personas con problemas tales que no les permite darse cuenta de la consecuencia de sus actos. Perdonarnos el habernos obligado a vivir situaciones intolerables por falsas esperanzas y promesas incumplidas. Perdonarnos el no habernos permitido una vida mejor persiguiendo un sueño que ya ni siquiera era nuestro. Y tantas cosas más que perdonar, tantas otras maneras de expresar.

Pero es al perdonarnos nosotros mismos que el dolor y el enojo empiezan a ceder, al poner los limites que tanto hacían falta, al poner fin a aquello que se ha vuelto intolerable en nuestras vidas, a hacer borrón y cuenta nueva replanteando todo lo que sea necesario y dejar atrás aquello que ya no tiene un espacio en nuestras vidas.

Reconciliándonos así con nosotros mismos, tomando las riendas de nuestras vidas, empoderándonos, podemos ver al otro en su justa medida, como realmente es, no más grande, más peligroso o más odiado. Podremos ver si hay un vínculo que sanar o algo que ya pasó hace tiempo su fecha de expiración. Podremos decidir a consciencia sí vale el esfuerzo intentar un poco más o sí las respuestas del otro son un claro signo que nada podrá cambiar y entonces perdonar y dejar a ese alguien salir de nuestra vida.

Perdonar no es sacrificarse una y otra vez en un ciclo masoquista. Perdonar implica ver nuestros propios errores y limitaciones y darnos cuenta que prolongar una situación a veces sólo es más dolor para todos los involucrados y tener el valor de soltar y decir adiós.

Imágen de Jia Lu

29 mar 2014

Flores de Bach: Impatiens como Curador

Luchamos por nuestros sueños, nuestras metas, nuestros ideales, nuestros seres amados. Luchamos contra la injusticia, para proteger, para mejorar las cosas, por un mundo mejor. Luchamos para ser los primeros, los mejores, para vencer nuestros propios límites. Luchamos tanto que se nos olvida que el camino mismo y quienes nos rodean son tan importantes como la meta y que a veces la mejor estrategia no es luchar, sino detenerse, observar el entorno, ver quienes están a nuestro lado, meditar, conversar y si hace falta desarrollar un nuevo plan, tomar un nuevo camino, aprender que hay soluciones a las que conocemos, desarrollar nuevas habilidades o que a través de la quietud y el ejemplo a veces se pueden lograr más cosas que con la lucha activa.
Es importante el esforzarse, avanzar, luchar, lograr cosas, pero es igual de importante tomarse los tiempos para observar, asimilar, planificar y transformar el conocimiento y las experiencias vividas en sabiduría.

14 mar 2014

Detenernos

Cuan necesario se hace volver a la caverna en nuestro interior después de una larga lucha. Cotejar lo ganado y lo perdido, darle el tiempo y el espacio a nuestras heridas para sanar y descubrir en quién nos hemos transformado, cuantos cambios hemos vivido, quién soy hoy en día. Si todavía estoy en mi camino, si me perdí en el bosque o si mi camino hoy es otro.

Imágen de Jia Lu

Toca revisar la coherencia entre mis acciones, mis palabras y mis pensamientos que se han alejado tras seguir un vertiginoso paso hacia lo que creía mi destino. El destino aún puede ser correcto, pero no necesariamente el como lo estoy recorriendo, darme cuenta de qué cosas valiosas he dejado atrás y qué cosas arrastro conmigo que ya no nos sirven. Que en el apuro y en el esfuerzo he dejado de ver lo que me rodea y como va cambiando mi entorno.

Imágen de Jimmy Lawlor

Hace falta tomar perspectiva entonces desde un lugar diferente que nos permite revisar nuestra ruta, nuestros planes, nuestras necesidades y la profundidad de nuestros sueños. Empezar luego con un comienzo fresco por el camino que nos haga felices.
Imágen de Jimmy Lawlor