Esas estructuras que me servían para sobrevivir se convirtieron en los grilletes y las rejas de mi prisión. Lucho fuerte por despojarme de ellas, pero me quedo vacía. Puedo verme cada vez mejor, pero todavía no logro tocar la fuente de mi energía ancestral. Madre, ayúdame a ser yo misma, ayúdame a ser libre y salir de esta ilusión, déjame tocar el oscuro más profundo y la luz más cegadora, caminar con los pies descalzos libre de los designios del hombre, transformar mi realidad y vivir en un mundo nuevo, donde mi palabra es ley, mi mirada quita y da vida, mi caricia hace que vuelva a latir el corazón. Madre, déjame volver al mundo ancestral donde ser mujer era el mayor honor, donde hablar con los espíritus era sabiduría y el viento se rendía a mis pies. Madre, enséñame el silencio donde mi alma reposa y donde mis labios encuentran amor.
8 abr 2015
6 abr 2015
Pensamiento
¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Por qué estoy aquí? Tantos recuerdos que se esfuman entre mis manos al llegar al cruce de caminos. No puedo tomar ninguno, debo hacer un camino nuevo. ¿Pero qué hago si no sé qué necesito ni a donde voy? Necesito el silencio del bosque, el arrullo del agua, pero huyo por miedo a encontrarme con el gran monstruo que vive en mi interior, esa sombra que me juzga, me critica, me convierte en un nada completamente inadecuado incluso para existir. Corro del monstruo, corro una y otra vez, pero siempre lo veo reflejado en el rostro y las palabras de los demás, haciendo eco en mi alma y que mi corazón tiemble. Me lleva a la soledad más profunda, la incapacidad de conectarme incluso conmigo misma, un vacío tan profundo como un abismo donde todo lo que sabía deja de existir o tener sentido. Es un mundo nuevo y no conozco las reglas del juego, las palabras son ruido blanco y los pensamientos algodón. Me he desintegrado y ya no sé quién soy.
1 abr 2015
Pensamiento
Una nueva etapa de mi vida, volver a empezar. Un egoísmo sano, volver a descubrir quién soy yo, escuchar mi alma, escucharme yo, lo más profundo, lo más secreto, lo más escondido. Escuchar sin ruido, escuchar sin apego, escuchar el silencio. Escuchar la armonía del tejido del mundo sin pensamientos, sin juzgar. El pasado es pasado, el futuro todavía no existe, yo en medio del vasto universo, solo existo en el latir del corazón, solo existo en un suspiro. Solo hoy, solo ahora, nada más importa, nada más existe, en un suspiro, en un segundo, en una partícula de luz, en un sueño, en una sonrisa.
20 mar 2015
Pensamiento
Cuando hemos tocado fondo y emprendemos nuestro camino de vuelta nos encontramos de frente con los rostros de quienes van cayendo. Nuestro ego herido va a querer detener su caída. La compasión nos recordará que no podemos evitar que caigan, pero sí podemos estar ahí para acompañarlos cuando necesiten volver a levantarse.
20 feb 2015
Solo respira
Cuando se siente que se lleva el peso del mundo sobre los hombros estos se empiezan a encorvar y como que uno se encoge dejando poco espacio a los pulmones y disminuye la capacidad de oxigenación.
Cuando uno se quiere arrancar o esconder del mundo también se duerme de lado o sobre el estómago apretando y cerrando el pecho apretando así también los pulmones.
Durante una depresión es muy difícil darse el ánimo de hacer ejercicio en el que se respira más, se activa el cuerpo y se genera endorfinas. O meditar, que con la postura adecuada, respiración correcta y actitud adecuada se puede recuperar la armonía.
Pero cuando hay una verdadera depresión todo esfuerzo parece gigante, toda acción una lucha y se entra a duras penas en modo de supervivencia. Se siente una constante nube negra de pesadumbre sobre la cabeza y la falta de oxigenación disminuye la capacidad corporal y mental. Es casi como entrar a invernar y no se ve salida ni solución.
La solución, el primer paso es mucho más simple de lo que parece. Sólo respira, no te olvides de respirar. El puro acto de respirar nos reconecta con la vida. Se puede empezar por 2 o 3 veces al día respirar profundo y despacio llenando nuestros pulmones lo más que se pueda, retener 1 a 3 segundos y soltar lentamente, repitiendo esta respiración 3 a 5 veces.
Esto ayuda a oxigenarnos, conectarnos con nuestro cuerpo y alivianar un poco la nube negra. Por ejemplo al despertar antes de levantarnos ayuda a ver el día menos terrible y el cuerpo se siente menos pesado.
También puede pasar que uno se conecte mejor con las propias emociones cuando se ha vivido algo difícil y ayuda a ponerlas en proporción, ya que al evadirlas se pueden sentir como algo gigante que sí las expresamos nos puede destrozar. Con más oxígeno y claridad en nuestra cabeza nos podemos dar cuenta que no es un monstruo y podemos expresarlo de manera sana, sin que nos desgarre y así soltar e ir dejando atrás.
En la medida que nos vamos acordando de respirar profundo podemos ir acompañando de estirar brazos y piernas de manera expansiva, hacia afuera. Cuando se está en depresión es como sí las paredes se cerrasen sobre uno y el estirarse ayuda a cambiar esa percepción hacia un mundo que se expande en la medida que nos sintamos cómodos.
Esto nos puede sacar de a poco de este estado de hibernación, nos reactiva, nos da ánimo y de a poco se puede empezar a hacer ejercicio, meditar y reactivarse en forma general.
Cada vez que decaemos nos tenemos que recordar: ¡No te olvides de respirar!
Cuando uno se quiere arrancar o esconder del mundo también se duerme de lado o sobre el estómago apretando y cerrando el pecho apretando así también los pulmones.
Durante una depresión es muy difícil darse el ánimo de hacer ejercicio en el que se respira más, se activa el cuerpo y se genera endorfinas. O meditar, que con la postura adecuada, respiración correcta y actitud adecuada se puede recuperar la armonía.
Pero cuando hay una verdadera depresión todo esfuerzo parece gigante, toda acción una lucha y se entra a duras penas en modo de supervivencia. Se siente una constante nube negra de pesadumbre sobre la cabeza y la falta de oxigenación disminuye la capacidad corporal y mental. Es casi como entrar a invernar y no se ve salida ni solución.
La solución, el primer paso es mucho más simple de lo que parece. Sólo respira, no te olvides de respirar. El puro acto de respirar nos reconecta con la vida. Se puede empezar por 2 o 3 veces al día respirar profundo y despacio llenando nuestros pulmones lo más que se pueda, retener 1 a 3 segundos y soltar lentamente, repitiendo esta respiración 3 a 5 veces.
Esto ayuda a oxigenarnos, conectarnos con nuestro cuerpo y alivianar un poco la nube negra. Por ejemplo al despertar antes de levantarnos ayuda a ver el día menos terrible y el cuerpo se siente menos pesado.
También puede pasar que uno se conecte mejor con las propias emociones cuando se ha vivido algo difícil y ayuda a ponerlas en proporción, ya que al evadirlas se pueden sentir como algo gigante que sí las expresamos nos puede destrozar. Con más oxígeno y claridad en nuestra cabeza nos podemos dar cuenta que no es un monstruo y podemos expresarlo de manera sana, sin que nos desgarre y así soltar e ir dejando atrás.
En la medida que nos vamos acordando de respirar profundo podemos ir acompañando de estirar brazos y piernas de manera expansiva, hacia afuera. Cuando se está en depresión es como sí las paredes se cerrasen sobre uno y el estirarse ayuda a cambiar esa percepción hacia un mundo que se expande en la medida que nos sintamos cómodos.
Esto nos puede sacar de a poco de este estado de hibernación, nos reactiva, nos da ánimo y de a poco se puede empezar a hacer ejercicio, meditar y reactivarse en forma general.
Cada vez que decaemos nos tenemos que recordar: ¡No te olvides de respirar!
Imágen por Wojtek Siudmak
9 feb 2015
Los Ciclos en los Procesos de Sanación
Cuando vivimos una experiencia difícil muchas veces seguimos adelante, porque la vida nos obliga a seguir, ya sea por subsistencia, responsabilidades, presiones sociales o simplemente porque ya queremos dejar atrás esa experiencia y las emociones que conlleva. Pero dejarlo atrás y sacarlo de nuestra mente consciente no significa necesariamente que lo hemos resuelto y hemos sanado esas emociones, sino que tan sólo lo hemos archivado en nuestro subconsciente para revisarlo más tarde o incluso postergarlo indefinidamente. El tiempo sigue y nosotros seguimos con nuestras vidas y así también nuestro subconsciente sigue con su propio trabajo, asimilando experiencias diarias, guiando nuestra intuición y revisando nuestros archivos para ver qué temas tenemos pendientes o cuales ya se pueden cerrar. Esto no es al azar, sino que cada cosa tiene su momento y prioridad. ¿Cómo es que el subconsciente escoge los temas a trabajar? Lo hace revisando los siguientes puntos:
- ¿Está afectando la vida actual, haciéndola más difícil?
- ¿Pasó algo que directa o indirectamente recuerda esa situación, como un lugar, una persona, un gesto, etc.?
- ¿Se está cumpliendo algún ciclo desde el evento, como un mes o un año?
Y es así como a veces aparecen emociones que no entendemos de donde salen o reaccionamos de manera inadecuada o desproporcionada a la situación actual. Ahí es donde tenemos que darnos el espacio para reflexionar y preguntarnos ¿Qué tengo que aprender de esto? ¿Qué necesito sanar? Lo más probable es que no encontremos la respuesta inmediatamente, pero dándonos el espacio de introspección y conexión con nosotros mismos podremos avanzar en el proceso de sanación. Puede ser con la ayuda de un terapeuta, meditando, alguna expresión artística como el canto o el dibujo, o de manera más activa como caminando, corriendo, bailando o saliendo y contactándonos con la naturaleza.
Lo importante es darnos de vez en cuando el espacio para sentir aquello que no nos permitimos sentir antes y luego soltarlo. No es aferrarse a ese sentir y estrujarlo tratando de resolver todo de una sola vez, sino darse un espacio sano y luego soltar. Aferrarse a un sentir agota nuestro sistema nervioso y altera nuestra vida y la de quienes nos rodean. Los espacios sanos de sentir es entregarse a ello una o máximo dos horas y luego cambiar de tema realizando otras actividades. Pero también tiene que ser con cierta periodicidad, como una vez a la semana, para que el subconsciente tenga el espacio y momento para expresarse. Por eso por ejemplo las horas a los psicólogos son una vez a la semana.
No es que todos siempre tengamos temas que tratar, pero hay momentos en que hay señales que nos indican que debemos darnos espacios de sanación como el stress, muchos sueños vívidos con alta carga emocional, explosiones de llanto o enojo, ataques de pánico, lagunas mentales, insomnio por pensar mucho y varios otros síntomas que no son más que estos temas acumulados que empiezan a juntar tierra y se ven cada vez más grandes y pesados, pero está en nuestras manos lograr el valor para enfrentar esto que muchas veces se ve más grande de lo que es e ir sacando y limpiando lo que hay dentro de nosotros y tomar ese primer paso hacia nuestro bienestar.
- ¿Está afectando la vida actual, haciéndola más difícil?
- ¿Pasó algo que directa o indirectamente recuerda esa situación, como un lugar, una persona, un gesto, etc.?
- ¿Se está cumpliendo algún ciclo desde el evento, como un mes o un año?
Y es así como a veces aparecen emociones que no entendemos de donde salen o reaccionamos de manera inadecuada o desproporcionada a la situación actual. Ahí es donde tenemos que darnos el espacio para reflexionar y preguntarnos ¿Qué tengo que aprender de esto? ¿Qué necesito sanar? Lo más probable es que no encontremos la respuesta inmediatamente, pero dándonos el espacio de introspección y conexión con nosotros mismos podremos avanzar en el proceso de sanación. Puede ser con la ayuda de un terapeuta, meditando, alguna expresión artística como el canto o el dibujo, o de manera más activa como caminando, corriendo, bailando o saliendo y contactándonos con la naturaleza.
Lo importante es darnos de vez en cuando el espacio para sentir aquello que no nos permitimos sentir antes y luego soltarlo. No es aferrarse a ese sentir y estrujarlo tratando de resolver todo de una sola vez, sino darse un espacio sano y luego soltar. Aferrarse a un sentir agota nuestro sistema nervioso y altera nuestra vida y la de quienes nos rodean. Los espacios sanos de sentir es entregarse a ello una o máximo dos horas y luego cambiar de tema realizando otras actividades. Pero también tiene que ser con cierta periodicidad, como una vez a la semana, para que el subconsciente tenga el espacio y momento para expresarse. Por eso por ejemplo las horas a los psicólogos son una vez a la semana.
No es que todos siempre tengamos temas que tratar, pero hay momentos en que hay señales que nos indican que debemos darnos espacios de sanación como el stress, muchos sueños vívidos con alta carga emocional, explosiones de llanto o enojo, ataques de pánico, lagunas mentales, insomnio por pensar mucho y varios otros síntomas que no son más que estos temas acumulados que empiezan a juntar tierra y se ven cada vez más grandes y pesados, pero está en nuestras manos lograr el valor para enfrentar esto que muchas veces se ve más grande de lo que es e ir sacando y limpiando lo que hay dentro de nosotros y tomar ese primer paso hacia nuestro bienestar.
25 ene 2015
El ego destructor
El camino interior es como nuestra propia y desconocida gran montaña que escalar. Requiere preparación, equipamiento, tiempo y mucha exploración. Porque no hay mapas, sólo muchas y variadas "guías de montañismo" que se contradicen entre ellas. Hay muchos que se dicen expertos, que nos pueden decir como subir nuestra montaña, pero como no hay 2 montañas iguales, los únicos que realmente nos ayudan, son los que nos ayudan a prepararnos para todo evento y cómo aprender a conocer nuestra propia montaña.
Podemos contar con el amor y apoyo de nuestra familia y amigos, pero esta cumbre es solo nuestra. Esta montaña nuestra la tenemos que subir solos y prepararnos para equivocarnos, fracasar y volver a empezar muchas veces. Aunque sea difícil y agotador, es importante entender que no lograr la cumbre, que tener que volver a la base para entrenar y equiparnos mejor no es un fracaso, es parte de la preparación y que cada vez que subimos somos un poco más fuertes, hemos aprendido algo nuevo y estamos mejor preparados.
Mientras mayor la experiencia podemos empezar a ver algunas cosas en que les falta preparación a los demás y darles una manos, consejos, apoyo. Pero fácilmente se nos puede olvidar el camino que hemos recorrido y cuanto nos hemos equivocado.
Podemos también caer en la ilusión de haber llegado a la cumbre o haber llegado más alto que todos los demás. Ahí caemos en la trampa del ego y cometer errores que ni los más simples principiantes harían. En la montaña ese tipo de errores puede significar perder la vida, no solo la propia, sino de otros. En el camino interior las caídas en las trampas del ego no implican el riesgo de la muerte física, pero sí puede llevar a destruir la propia vida y la vida de los demás.
Hoy en día se ve una gran cantidad de falsos maestros iluminados, consejeros y otro tipo de charlatanes que se creen dueños de la verdad armando hasta sectas y estafas de todo tipo para que las personas en necesidad les den su dinero por un "bien mejor" y que visto desde afuera uno los juzga y afirma, yo nunca haría algo así. Pero nos olvidamos lo fácil que es caer en considerar que esa experiencia y esa verdad que hemos descubierto con duro esfuerzo, que nos ha llevado adelante y ha mejorado nuestras vidas, esa verdad que hemos aprendido con sudor y lágrimas, no tiene porqué ser mejor o más verdadera que la verdad de lo que han vivido los otros. Que aunque tengamos razón, a veces cada persona necesita aprender de su propia experiencia, entender con su propio esfuerzo lo que es mejor para sí mismo. Que podemos dar consejo y guía desde nuestra experiencia, pero no imponer nuestra verdad o ridiculizar la experiencia del otro.
Esto no significa por ejemplo que no haya que retar a nuestros hijos cuando se lo merezcan, porque es parte de su aprendizaje, pero si darles la chance de aprender algunas cosas por si mismos. O que cuando un amigo esté cometiendo un gran error, no se lo podemos impedir, pero si darle la información que podamos tener para que pueda decidir mejor por si mismo.
Quien cae en la trampa del ego se siente superior y cree que tiene derecho a imponer, manipular o lo que sea necesario para que los demás hagan lo que ellos consideran que es correcto. Los argumentos pueden ser tan variados como la edad por los años de experiencia, estudios y conocimiento, riqueza, haber viajado y vivido en distintas partes, cultura, etc. Pero al final todo es relativo, la experiencia puede ser en un contexto distinto a lo que está viviendo el otro, los conocimientos cambian, porque lo que la ciencia consideraba imposible hace 100 años, hoy es posible, la riqueza se puede perder y sin importar cuanto se ha aprendido de distintos lugares y culturas, no se puede saber lo que realmente hay en el corazón o la mente de otra persona.
La vivencia de cada uno es única y personal, por eso nunca podemos comparar, no somos mejores o peores, sino tan solo el camino que cada uno debe recorrer, un continuo cambio y aprendizaje.
Podemos contar con el amor y apoyo de nuestra familia y amigos, pero esta cumbre es solo nuestra. Esta montaña nuestra la tenemos que subir solos y prepararnos para equivocarnos, fracasar y volver a empezar muchas veces. Aunque sea difícil y agotador, es importante entender que no lograr la cumbre, que tener que volver a la base para entrenar y equiparnos mejor no es un fracaso, es parte de la preparación y que cada vez que subimos somos un poco más fuertes, hemos aprendido algo nuevo y estamos mejor preparados.
Mientras mayor la experiencia podemos empezar a ver algunas cosas en que les falta preparación a los demás y darles una manos, consejos, apoyo. Pero fácilmente se nos puede olvidar el camino que hemos recorrido y cuanto nos hemos equivocado.
Podemos también caer en la ilusión de haber llegado a la cumbre o haber llegado más alto que todos los demás. Ahí caemos en la trampa del ego y cometer errores que ni los más simples principiantes harían. En la montaña ese tipo de errores puede significar perder la vida, no solo la propia, sino de otros. En el camino interior las caídas en las trampas del ego no implican el riesgo de la muerte física, pero sí puede llevar a destruir la propia vida y la vida de los demás.
Hoy en día se ve una gran cantidad de falsos maestros iluminados, consejeros y otro tipo de charlatanes que se creen dueños de la verdad armando hasta sectas y estafas de todo tipo para que las personas en necesidad les den su dinero por un "bien mejor" y que visto desde afuera uno los juzga y afirma, yo nunca haría algo así. Pero nos olvidamos lo fácil que es caer en considerar que esa experiencia y esa verdad que hemos descubierto con duro esfuerzo, que nos ha llevado adelante y ha mejorado nuestras vidas, esa verdad que hemos aprendido con sudor y lágrimas, no tiene porqué ser mejor o más verdadera que la verdad de lo que han vivido los otros. Que aunque tengamos razón, a veces cada persona necesita aprender de su propia experiencia, entender con su propio esfuerzo lo que es mejor para sí mismo. Que podemos dar consejo y guía desde nuestra experiencia, pero no imponer nuestra verdad o ridiculizar la experiencia del otro.
Esto no significa por ejemplo que no haya que retar a nuestros hijos cuando se lo merezcan, porque es parte de su aprendizaje, pero si darles la chance de aprender algunas cosas por si mismos. O que cuando un amigo esté cometiendo un gran error, no se lo podemos impedir, pero si darle la información que podamos tener para que pueda decidir mejor por si mismo.
Quien cae en la trampa del ego se siente superior y cree que tiene derecho a imponer, manipular o lo que sea necesario para que los demás hagan lo que ellos consideran que es correcto. Los argumentos pueden ser tan variados como la edad por los años de experiencia, estudios y conocimiento, riqueza, haber viajado y vivido en distintas partes, cultura, etc. Pero al final todo es relativo, la experiencia puede ser en un contexto distinto a lo que está viviendo el otro, los conocimientos cambian, porque lo que la ciencia consideraba imposible hace 100 años, hoy es posible, la riqueza se puede perder y sin importar cuanto se ha aprendido de distintos lugares y culturas, no se puede saber lo que realmente hay en el corazón o la mente de otra persona.
La vivencia de cada uno es única y personal, por eso nunca podemos comparar, no somos mejores o peores, sino tan solo el camino que cada uno debe recorrer, un continuo cambio y aprendizaje.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
